Historia del oficio

Historia del oficio

La fabricación de calzado en Chile comenzó en el siglo XVI, cuando las curtiembres comienzan a producir para el trabajo agrícola, impulsadas por inmigrantes europeos. Para mediados del siglo XIX predominaban los pequeños talleres, y hacia fines del siglo había registrados 450 talleres en todo el país según la SOFOFA. Cristiano Rudloff Jentsch, un inmigrante y zapatero alemán, llegó a Valdivia en 1853 y estableció un taller que luego se convirtió en una fábrica reconocida internacionalmente. En 1875 fundó su propia curtiembre para superar la escasez de materiales, y su hijo Luis modernizó la producción al importar maquinaria avanzada tras visitar Europa y Estados Unidos.

La evidencia de los zapatos de la época colonial las expone el museo Histórico Nacional, el cual tiene una colección de zapatos femeninos que ilustran la moda y los materiales utilizados durante el siglo XIX, reflejando el trabajo de los zapateros de la época.

Luego, a principios del siglo XX, comenzaron a establecerse los primeros acopiadores y suelerías, marcando una transición hacia una producción más organizada. Un hito importante de la zapatería en Chile fue la llegada de la empresa checa Bata en 1939, que introdujo métodos de producción industrializados o llamados "fordistas", transformando la fabricación de calzado en Chile.

En la década de 1950, surgieron empresas de zapatos locales importantes, como Gacel, que llegó a tener un gran prestigio y exportar sus productos. En los años 60, Bata ya producía una gran cantidad de calzado en Chile, empleando a miles de trabajadores. Finalmente, en la década de 1970, la industria del calzado chilena da un giro de 180° con la apertura a las importaciones, que llevó a que muchas fábricas y curtiembrerías cerraran, proceso que persiste hasta el día de hoy. A pesar de esto, persisten pequeños y medianos empresarios del calzado, muchos de ellos concentrados en barrios tradicionales como el barrio Victoria en Santiago.

Hoy en día, los zapateros en Chile, tanto los que reparan como los que fabrican artesanalmente, persisten en mantener vivo su oficio a pesar de la competencia de calzado importado y la cultura del consumo rápido.

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